LA VERITAT

Portada del libro Swine Flu Expose (La gripe porcina desenmascarada) de la Dra. Eleanor McBean
Gaceta neorenacentista de Castelldefels
fundada en 2001
http://www.amics21.com/laveritat
9 de agosto de 2009
Nº 423
cómo encontrar nuestras oficinas
"Para ver el futuro hay que echarle una ojeadita al pasado"
[Ignacio Felipe Semmelweis (Ignác Fülöp Semmelweis) salvó a miles de mujeres simplemente lavándose las manos]
Se lee como una novela de intriga:
La "gripe española" de 1918 fue provocada por vacunas
Traducción del capítulo 2 del libro "Swine Flu Expose" ("La gripe porcina desenmascarada") (1977) de la doctora Eleanor McBean
[Nota: Obviamente, no estamos en condiciones de garantizar la veracidad de las opiniones de la doctora estadounidense Eleanor McBean, sino simplemente traducir este texto como posible hipótesis...]
El hombre, el orgulloso hombre, envuelto en su breve y pequeña autoridad, utiliza sus trucos ante el Cielo para que los ángeles se pongan a barrer" - Shakespeare
(introducción de la doctora Eleanor McBean al capítulo 5)
Capítulo 2:
"Como
ya he dicho anteriormente, todas las autoridades médicas y no médicas
responsables de las vacunaciones coinciden en el hecho de que
las vacunas funcionan de tal modo, que provocan formas más
leves de las enfermedades que se quieren evitar. Pero también
saben -y lo admiten- que no existe ninguna posibilidad de
predecir si su desarrollo será leve, grave – o mortal. Ante
tal grado de inseguridad, tratándose de vidas humanas, es muy
poco científico y extremadamente peligroso utilizar un
procedimiento tan cuestionable como las vacunas.
Muchas
vacunas también provocan otras enfermedades diferentes a las que se
quiere combatir. Por ejemplo, la vacuna contra la viruela a
menudo provoca sífilis, parálisis, lepra y cáncer. Las
vacunas de polio, la toxina / antitoxina diftérica, la vacuna
del tifus así como las vacunas contra el sarampión, tétanos
–entre otras- a menudo provocan otros estadios de la
enfermedad, como encefalitis posvacunal (meningitis), parálisis,
meningitis espinal, ceguera, cáncer (a veces al cabo de 2 años),
tuberculosis (entre 2 y 20 años después de la vacunación),
artritis, enfermedades de los riñones y del corazón (paro
cardiaco, en algunos casos a los pocos minutos y en otros después
de unas horas de administrar la vacuna), daños del sistema
nervioso y otras afecciones graves provocadas por infecciones.
Cuando
en un plazo de pocos días o semanas se administran diferentes
vacunas (contra diferentes enfermedades), a menudo estas vacunas
provocan cuadros más intensos de todas estas enfermedades,
debido a que el cuerpo no puede lidiar con tal cantidad de
veneno mortal que se le inyecta directamente en la sangre. Los médicos
dicen que se trata de “una nueva enfermedad” y prosiguen
combatiendo los síntomas.
Cuando
los venenos se toman por vía oral, el sistema inmunológico
interno tiene la oportunidad de expulsar inmediatamente parte de
los mismos mediante vómitos, pero si se inyectan directamente
en el cuerpo -sin darles oportunidad de pasar por todas nuestras
“fuerzas de seguridad” naturales, a los pocos segundos estos
peligrosos venenos circulan por todo el cuerpo hasta intoxicar a
todas las células.
He
oído decir que siete hombres murieron fulminados en la
consulta de un médico después de administrárseles la vacuna.
Esto ocurrió en una base militar, por lo que pedí al
gobierno que me lo certificara. Me enviaron un informe del secretario
de guerra de los EEUU, Henry L.Stimson. Este informe no sólo
confirmaba la noticia de los siete fallecidos a raíz de la
vacunación, sino que también me informaba de que hubo 63 muertos
y 28.585 casos de hepatitis como consecuencia directa de la
vacuna contra la fiebre amarilla -en sólo 6 meses de
hostilidades. Y se trataba de una sola de las entre 14 y 25
diferentes vacunas que le fueron administradas a los soldados. No es difícil
imaginar lo que todas estas vacunas provocaron en estos hombres
(ver capítulo “Lo que las vacunas han hecho con nuestros
soldados”).
La
Primera Guerra Mundial fue relativamente corta, por lo que los
fabricantes de vacunas no estuvieron en condiciones de vender
todos sus productos. Pero como actuaban con ánimo de lucro (y
lo siguen haciendo), decidieron ofrecerle el stock restante de
vacunas al resto de la población. Por esto lanzaron la mayor
campaña de vacunación de la historia de los EEUU. Pero no habían
epidemias latentes para justificar esta medida, así que
utilizaron otros trucos para justificarla. Su propaganda
afirmaba que los soldados volverían de tierras extrañas con
todo tipo de enfermedades, y que todo el mundo debería recibir
todas las vacunas disponibles en el mercado.
La
gente les creyó, porque en primer lugar querían creer a
sus médicos y, en segundo lugar, porque es cierto que los
soldados volvían a casa enfermos. Lo que no sabían es que
estas enfermedades eran consecuencia de las vacunas
suministradas por los médicos castrenses, a los que no les
gustaba contarles (a los soldados) este tipo de cosas. Muchos
soldados que volvieron del frente estuvieron discapacitados el
resto de sus vidas a causa de las enfermedades provocadas por
las vacunas. Muchos se volvieron locos a consecuencia de la
encefalitis posvacunal, pero los médicos llamaron el síndrome "shell
shock" ("shock ocasionado por las granadas”, a pesar de que
muchos nunca habían salido del territorio estadounidense.
Esta
enfermedad aglomerada, provocada por múltiples vacunas tóxicas,
dejó a los médicos sin habla. La nueva enfermedad, que
ellos mismos habían creado, tenía los síntomas de todas
las enfermedades inyectadas a los soldados: fiebre alta,
debilidad extrema, erupciones cutáneas y trastornos
intestinales típicos del tifus. La vacuna contra la difteria
provocó hinchamiento de los pulmones, sensación de frío y
fiebre, faringe hinchada e irritada -a causa de la membrana
artificial- y muerte por asfixia, después de la cual el cuerpo
se teñía de negro por la sangre acumulada, porque se quedaba
sin oxígeno durante las fases de asfixia. Antiguamente
se la llamaba “muerte negra”. Las demás vacunas
implicadas provocaron sus propias reacciones, como parálisis,
daños cerebrales, tétanos etc.
Cuando
los médicos intentaron combatir los síntomas del tifoides
con vacunas más potentes, provocaron un tipo de tifus al
que llamaron paratifoide. Pero cuando
desarrollaron otra nueva y aún más potente y peligrosa
vacuna para combatir las consecuencias de la primera,
engendraron una enfermedad mucho peor, para la que no tenían
nombre. No querían
comunicarle a la humanidad lo que en realidad fue: su propio
monstruo de Frankenstein, que habían creado con sus
vacunas y medicinas supresoras de síntomas. Querían alejar de
sí la culpa, por lo que finalmente le pusieron el nombre de
“Gripe Española”. Ciertamente no tuvo su origen en
España, y a los españoles les dolió harto haber sido
implicados en este azote mundial. Pero el nombre se implantó, y
nadie sospechó de que los responsables de este crimen de
devastación masiva -la epidemia de gripe de 1918- fueran
los médicos y fabricantes de vacunas estadounidenses. Ha
sido sólo recientemente que los investigadores destaparon los
hechos, poniendo a los culpables en su debido lugar.
Es
posible que algunos soldados hubieran pasado por España antes de
volver a casa, pero sus enfermedades se manifestaron en sus bases militares
en territorio estadounidense. Nuestros médicos actualmente siguen
usando el mismo truco: cuando sus propias vacunas
(requeridas para poder viajar) provocan enfermedades en el
extranjero, utilizan este hecho para lanzar una campaña de pánico
para que la gente acuda en estampida a los centros de vacunación.
¿Recuerdan el pánico que provocaron la "gripe de Hong
Kong", la "gripe asiática" o la "gripe de
Londres"? Pues todas ellas fueron
epidemias médicamente inducidas, añadidas a los resfríos
comunes que la gente tiene cada año.
Hoy
(1976) volvemos a estar en manos de los fabricantes de vacunas y
hacedores de epidemias con su nueva campaña multimillonaria de
venta de vacunas. Sus hombres de contacto ya han pedido al
presidente Ford que ponga a disposición 135 millones de dólares
para iniciar dicha campaña. Incluso las compañías aseguradoras
se negaron a implicarse en un asunto obviamente tan sucio y
peligroso. De modo que, otra vez, los hombres de contacto de los
gremios médico y farmacológico indujeron a los funcionarios
gubernamentales apropiados a que les garantizaran los miles de
millones de dólares que los tribunales podrían exigir a los
promotores de las vacunas si la campaña de vacunación se
llevaba a cabo del modo previsto. Lo bueno es que Ford no fuera
reelegido. Lo malo es que no lo “echaran” antes de haber
pagado al escuadrón de envenenadores el DINERO para
envenenar a toda la población. Pero no sabemos si el presidente
Carter será mejor. ¿Estará también él en manos de la
dictadura médico-farmacológica? ¿O investigará –buscando
la verdad, revocando las decisiones y obligando a los
fabricantes de las vacunas a devolver el dinero que le cogieron
a los contribuyentes con falsos pretextos?
Es
falsa la
afirmación de los promotores de que la vacuna contra la gripe
porcina es inocua, y su postulado de que protege contra la gripe también lo es. Cincuenta y seis
personas fallecieron a las 48 horas de administrárseles la
vacuna. Los médicos no se ponen de acuerdo ni sobre la vacuna,
ni sobre su seguridad, eficacia o necesidad de administrarla, o
sobre quién debe recibirla o a quién hay que prevenir sobre la
misma.
En
su campaña de pánico afirman que esta gripe porcina es igual
a la de 1918, que mató a 20 millones de personas.
Pero no disponen de ninguna muestra de sangre fiable de
los tiempos de la epidemia de 1918 para demostrarlo. Entretanto
han pasado 57 años,
pero los médicos siguen tan confundidos y son tan ineficientes
como entonces. Lo cierto es que la gripe española de 1918 fue
una enfermedad inducida por las vacunas y por un extremo
envenenamiento del cuerpo a causa de un conglomerado de vacunas
diferentes. A los soldados de Fort Dix, sospechosos de haber
contraído la gripe porcina, se les inyectó gran cantidad
de vacunas similares a las que causaron la epidemia de 1918. La
epidemia de Fort Dix no tuvo nada que ver con la gripe porcina.
En esta base no había cerdos (a menos que queramos calificar
sarcásticamente de “cerdos” a los promotores que
provocaron la enfermedad).
Para
aumentar aún más la confusión, los médicos le cuentan a la
gente que existen muchos tipos de gripe; qué la que tuvieron los
soldados de Fort Dix fue la gripe “Avictoria”, qué existen
otras cepas de virus gripales, y que la vacuna qué tanta gente
ya ha recibido no protege contra otros tipos de gripe. Esto les
sirve para “lavarse las manos” ante posibles demandas
judiciales o (por) si hubiera más víctimas. Entonces los médicos
dirán que la vacuna falló porque se trataba de otro tipo de
gripe. Obviamente nadie puede probar nada, ya que los virus son
organismos ilusorios e invisibles, inestables e impredecibles.
Un diccionario define los virus como “veneno mórbido”. Lo
que de veras es veneno son las vacunas inyectadas en el cuerpo,
provocando las típicas reacciones tóxicas. Los virus ("el
veneno") no vuelan por ahí atacando a las gentes.
Por
lo tanto, no habrá una epidemia de gripe porcina, a menos
que los promotores de vacunas vuelvan a fabricar una como la
que hicieron “contra” la epidemia de 1918. Y no matará
a 20 millones de personas, a menos que la gente se deje
administrar estas inyecciones patológicas. Aparte de las
vacunas, hay otras cosas que provocan enfermedades, como los
malos alimentos, que han sido desvitalizados y contaminados por
preservantes tóxicos y mejunjes químicos artificiales. Existen
muchas más causas, pero ninguna enfermedad es contagiosa (ver
capítulo de la teoría de los gérmenes).
Las
campañas de vacunación vienen y van en función de la
frecuencia con la que sus promotores encuentran un mínimo
motivo para lanzarlas. En 1957 intentaron lanzar una campaña de vacunación
contra algo que ellos decidieron llamar gripe asiática. El editorial del Herald and Express del 29 de
agosto de 1957 llevaba el título "Propaganda del miedo a
la gripe”. Decía, entre otras cosas:
"¡Qué
tempestad en un vaso de agua ha sido provocada ante la posibilidad de
que este país vaya a padecer una epidemia de gripe asiática en
los próximos meses de otoño e invierno!.
"Incluso
el Ministerio de Sanidad de los
Estados Unidos es un siervo del pánico, haciendo
declaraciones que asustan al público en lugar de hacer hincapié
en que esta epidemia, aunque generalizada, no muestra signos de
ser más peligrosa que los resfriados o las gripes comunes que
aparecen en invierno.
"Los
que saben leer entre líneas se preguntan si todo esto no es más
que una estrategia de ventas de los que fabrican y venden las
vacunas que se están preparando..."
YO
FUI UNA OBSERVADORA SOBRE EL TERRENO DE LA EPIDEMIA DE GRIPE DE
1918
Todos
los médicos y personas que vivieron los tiempos de la gripe
española de 1918 coinciden en que fue la peor enfermedad jamás
vista por la humanidad. Hombres fuertes, sanos y robustos morían de
un día para el otro. La enfermedad tenía las características
de la muerte negra, pero sumada al tifus, a la difteria, la pulmonía,
viruela, parálisis y todas las enfermedades contra las cuales
la gente había sido vacunada justo al final de la Primera
Guerra Mundial. A prácticamente toda la población se le inyectó
más de una docena de enfermedades -o sueros tóxicos. Cuando
todas estas enfermedades provocadas por los médicos se
desarrollaron simultáneamente, vino la tragedia.
Está
pandemia duró dos años, alimentada por más medicamentos tóxicos
administrados por los médicos, que intentaban combatir los síntomas.
Según mi criterio, la gripe sólo afectó a las personas
vacunadas. Los que se negaron a vacunarse no contrajeron la
gripe. Mi familia rechazó todas las vacunas, de modo que
estuvimos sanos todo el tiempo. Gracias a las enseñanzas sobre
la salud de Graham, Trail, Tilden y otros sabemos que no se
puede contaminar el cuerpo con venenos sin provocar una
enfermedad.
Durante
el cenit de la epidemia todas las tiendas, escuelas y negocios
permanecieron cerrados –incluso los hospitales, ya que los médicos
y las enfermeras también habían sido vacunados, contrayendo así
la gripe. En las calles no había un alma. Como si fuera una
ciudad fantasma. Parecía como si nuestra familia fuese la única
que no tenía la gripe; mis padres iban de casa en casa haciendo
lo que podían para ayudar a los enfermos, ya que era imposible
conseguir un médico. Si los gérmenes, bacterias, virus o
bacilos fueran capaces de provocar enfermedades, hubieran tenido
mil oportunidades para atacar a mis padres mientras pasaban
muchas horas al día metidos en las habitaciones de los
enfermos. Pero no contrajeron la gripe, ni tampoco trajeron gérmenes
a casa que nos atacaran a nosotros los niños. Simplemente no pasó nada.
Nadie en nuestra familia contrajo la gripe –ni siquiera
tuvimos mocos, y eso que era un invierno con mucha nieve.
Cuando
veo cómo la gente se acobarda cuando alguien cerca estornuda o
tose, me pregunto cuánto tiempo necesitarán para darse cuenta
de que no pueden contagiarse –con lo que sea. La única manera
de pillar una enfermedad es desarrollándola uno mismo alimentándose
mal, bebiendo, fumando o haciendo otras cosas que provocan un
envenenamiento interno, mermando la vitalidad. Todas las
enfermedades son prevenibles, y la mayoría de ellas son
curables con métodos correctos, desconocidos por los médicos,
incluso por aquellos que no prescriben fármacos.
Se
ha dicho que la epidemia de gripe de 1918 mató a 20 millones de
personas en el mundo entero, pero los culpables fueron los médicos
con sus rudimentarios y mortales tratamientos y fármacos. Esto
es una grave acusación, pero no deja de ser verdadera si
tenemos en cuenta los éxitos que cosechan los médicos que no
prescriben fármacos en comparación con los que sí lo
hacen.
Mientras
los médicos y los hospitales medicalizados perdían el 33% de
los casos de gripe, los hospitales no medicalizados como Battle
Creek, Kellog y MacFadden's Health-Restaurant conseguían casi
un 100% de sanaciones con sus curas de agua, baños, enemas,
etc., ayunando o aplicando otros métodos simples, acompañados
de dietas cuidadosamente diseñadas a base de alimentos
naturales. Uno de los médicos alternativos no perdió un solo
paciente en ocho años. El tratamiento aplicado por otro médico
que no prescribía fármacos -y que no perdió a ningún paciente-
se describe en otra sección de este libre titulada VACUNACIÓN
CONDENADA, que se publicará en breve.
Si
los médicos tradicionales hubiesen estado tan avanzados como
los alternativos, no habrían habido 20 millones de muertos.
Entre los soldados vacunados hubo siete veces más enfermos que entre los civiles no vacunados, y las enfermedades fueron las que se pretendía evitar con las vacunas. Un soldado que volvió de ultramar en 1912 me contó que los hospitales estaban abarrotados de casos de parálisis infantil y que le parecía extraño que hombres adultos pudieran contraer una enfermedad infantil. Ahora sabemos que la parálisis es un típico efecto secundario de las vacunas tóxicas. Los soldados que permanecieron en casa no contrajeron la parálisis hasta después de la campaña mundial de vacunación de 1918."
Los
6 capítulos del libro Swine
Flu Expose
de la Dra. Eleanor McBean (1977) llevan los siguientes títulos:
Capítulo
1: La gripe porcina – otra epidemia médicamente fabricada
Capítulo
2: La "gripe española" de 1918 fue provocada por
vacunas
Capítulo
3: La vacuna contra el tifus provoca una enfermedad peor, que
los médicos llaman paratifoide.
Capítulo
4: Epidemias médicamente fabricadas – casos judiciales
Capítulo
5: Certificados de defunción e informes médicos falsificados
Capítulo 6: Paremos a los envenenadores de agua fluorificada
Algunos extractos más del libro “SWINE FLU EXPOSE” (La gripe porcina desenmascarada) de Leonora McBean
PREFACIO
Este
libro sobre riesgos y farsas de la gripe porcina lleva el título
“LAS VACUNACIONES, CONDENADAS POR MÉDICOS COMPETENTES” (VACCINATION
CONDEMNED BY COMPETENT DOCTORS). Ya era hora de publicar un
extenso y completo libro sobre los hechos largamente encubiertos
de la gripe porcina. Este es el libro sobre este tema más largo
e informativo jamás publicado en América. Contiene datos
sacados de informes médicos y militares así como hallazgos
alarmantes de investigadores de todo el mundo.
Este
libro quiere combatir los efectos desastrosos de los promotores
de vacunas y de su propaganda engañosa.
He
visto cánceres en los brazos de la gente provocados por
vacunaciones, exactamente ahí donde se inyectó la vacuna.
También he visto parálisis y otras tragedias provocadas por
vacunas. Todo esto es innecesario y evitable, simplemente
aplicando la información contenida en los capítulos de este
libro.
Debo
reconocer que determinados hechos se repiten a lo largo de todo el
libro por dos razones: la primera, porque algunos capítulos
pueden ser utilizados como libritos por separado, como el capítulo
sobre la GRIPE PORCINA; la segunda, porque el público ha sido
machacado desde la infancia con información falsa sobre las
vacunas, de modo que es importante repetir la verdad tantas veces
como sea necesario para reprogramar un pensamiento basado en
falsas apelaciones a la verdad.
La verdad no lleva una máscara, no busca ni posicionamiento ni aplausos, no se doblega ante ningún sepulcro humano; sólo pide ser oída." --- Anon

(esta imagen no es de la doctora Eleanor McBean, sino de la Unión Europea)
TODAS
LAS VACUNAS SON VENENO (párrafo del capítulo 1)
Las
vacunas contienen proteínas descompuestas, como las que se
obtienen de pústulas o animales enfermos o huevos podridos,
mezcladas con fármacos mortíferos como el ácido carbólico
(fenol), mercurio, formaldehído (formalina), etc. Las proteínas
descompuestas pueden provocar botulismo, salmonela u otros
envenenamientos del cuerpo. No es extraño que haya gente que
(se) muera después de ser vacunada.
Todos
los médicos que conocen el tema saben y admiten que todas las
vacunas son altamente tóxicas y que sus efectos secundarios son
impredecibles. Ningún médico, técnico de laboratorio o científico
puede determinar la reacción que la vacuna puede provocar en
cada individuo. Es imposible saber de antemano el grado de
aceptación de un veneno que tiene cada persona. Por ello, es un
juego mortal, como la ruleta rusa, porque la vacuna puede
provocar una muerte instantánea (lo que a veces ocurre) o parálisis
unas horas después, o cáncer, trastornos cardiacos o
tuberculosis al cado de unos años, o enfermedades de los riñones,
daños en el hígado, demencia (encefalitis posvacunal – una
inflamación del cerebro provocada por vacunas) y otras
enfermedades crónicas.
Las vacunas son incluso peores que la ruleta rusa, porque ésta liquida a unos pocos -generalmente maleantes- mientras las vacunas lo hacen con miles de personas inocentes y confiadas.
LOS SOLDADOS MURIERON POR EL TRATAMIENTO (párrafo del capítulo 3)
Un dicho muy difundido durante la guerra fue el de “murieron más soldados por las inyecciones que por los disparos de las armas del enemigo” (en inglés "more soldiers were killed by vaccine shots than by shots from enemy guns").
[Nota del traductor: en inglés, la palabra “shot” (disparo) se usa indiscriminadamente como “inyección” o “disparo”])
Las vacunas, sumadas a los fármacos tóxicos administrados en los hospitales, en muchos casos hicieron imposible cualquier curación. Si no fuera porque eran jóvenes y sanos, los hombres hubieran sucumbido ante el envenenamiento masivo practicado por el ejército.
Los siguientes casos sólo son ejemplos que nos muestran cómo los soldados fueron “farmacoholizados” hasta la muerte en los hospitales militares (ver BASIC PRINCIPLES OF NATURAL HYGIENE [PRINCIPIOS BÁSICOS DE HIGIENE NATURAL] del Dr. H.M. Shelton, página 532:
"CASO Nº 4 — S.P., paciente privado de 32 años de edad. Ingresado el 16 de enero. Medicación: se le administró quinina y Whisky con cápsico en “dosis de libre albedrío”. Se le administró Brandy y trementina en forma de enema. Al día siguiente, el paciente estaba peor (¡qué sorpresa!). Sin embargo, se continuó el mismo tratamiento; se le aplicaron sinapismos (cataplasmas de mostaza) en la nuca, en el pecho, abdomen y en las piernas. Por la noche (el paciente) iba peor. “Pero se continuó con el mismo tratamiento hasta que (el paciente) falleció el 18 de enero a las 19:00 horas” (dos días después de iniciarse el tratamiento).
" CASO Nº 7 — O.W.W., paciente privado de 32 años de edad, fue ingresado en el hospital el lunes día 13. La enfermedad se manifestó dos días antes. Tratamiento: vino cada dos horas (nota del traductor: ¿había un médico español en la plantilla?), quinina cada tres horas, 15 gránulos de calomel y tres horas más tarde 6 gránulos de carbonato de amoníaco. Todos los síntomas se agravaron rápidamente. El paciente falleció el día 22. Como era joven, sobrevivió durante nueve días este programa de envenenamiento.
"CASO Nº 8 — D.N., paciente privado de 18 años de edad. Su tratamiento incluía esencias de nitrato de potasio, alcanfor, aceite de castor, cloroformo, esencias de trementina, ácido sulfúrico azúcares de plomo, opio, cataplasmas de hielo y vino. Murió al cabo de 29 días."
A pesar de ser joven y fuerte, no pudo resistir este cóctel de venenos, experimentos y chapuzas de los médicos.
Los informes indican que las condiciones de los pacientes empeoraban progresivamente cada día, pero (los médicos) continuaron con los (mismos) tratamientos. (Honradamente), nos preguntamos qué ocurría con estos doctores.
El Dr. Trall afirmaba que la mayoría de los pacientes se recobraban si no eran tratados. Dijo: "No he perdido ni un caso en 15 años (incluyendo el tifus y pulmonías), y he tratado a cientos (de pacientes). Los fallecimientos son atribuibles a la medicación."
Fuente: http://www.whale.to/vaccine/sf.html
Traducido
– como siempre sin pretensiones científicas ni pecuniarias -
por Manuel Franquesa Voneschen, subsubdirector de LA VERITAT,
Castelldefels, Catalunya.
Wikipedia (http://en.wikipedia.org/wiki/Eleanor_McBean) dice muy poco sobre esta autora:
"Eleanor McBean fue una médica y activista antivacunas que escribió uno de los libros contra las vacunaciones titulado The Poisoned Needle ("La aguja envenenada").
Publicaciones:
- 1977 Vaccination, The Silent Killer (Vacuna, la asesina silenciosa) con Ida Honorof
- 1977 Swine Flu Expose
- 1957 The Poisoned Needle
- The Hidden Dangers in Polio Vaccine (Los peligros que se esconden tras las vacunas contra la polio) (capítulo 10 de "La aguja envenenada"). "

Prefacio de “La aguja envenenada”
Durante los últimos 2000 años, han abordado la curación de enfermedades de modo erróneo. El método de matar gérmenes con fármacos tóxicos es la peor y más inútil práctica, que jamás puede resolver el problema de la enfermedad.
Durante la Edad Oscura, antes de la introducción de una nutrición y sanidad mejoradas, el mundo fue azotado intermitentemente por epidemias de viruela. La causa fue tozudamente ignorada, y cuando las vacunaciones se hicieron populares, se plantaron las semillas para más enfermedades. Esta infusión de venenos inyectados en la sangre de las masas, en muchos casos no hicieron más que intensificar la enfermedad o suprimir los síntomas, creando nuevas y más peligrosas enfermedades. Con el paso de los años, hemos visto como este hijo mal nacido de la ignorancia fue convirtiéndose en un monstruo de Frankenstein de tamaño descomunal que avanza incesantemente, machacando con sus pies a las multitudes que se cruzan por su camino.
A través del poder letal de esta aguja envenenada, simples enfermedades cimóticas (contagiosas) del pasado han vuelto para convertirse en horrores del presente - nuestras terroríficas y expansivas “enfermedades asesinas”. Muchas de estas extrañas “enfermedades misteriosas” son el sórdido producto de venenos vacunales, que disturban el equilibrio químico del cuerpo e interfieren en su funcionamiento normal.
Todas estas atrocidades médicamente inducidas son mucho peores que la viruela u otras enfermedades eruptivas, que la naturaleza utiliza para expulsar de un cuerpo abusado los venenos acumulados. Esta interferencia con la economía equilibrada del cuerpo ha multiplicado los problemas más allá de las posibilidades de control por parte de la ciencia.
Nuestras peores epidemias actuales son las epidemias vacunales, en las que cada año mueren más personas por “enfermedades vacunales” que por enfermedades que las vacunas presuntamente deberían combatir.
La ausencia total de enfermedades es prácticamente imposible, excepto en islas remotas o comunidades aisladas que no han sido invadidas por chapuzas médicas y productos comercializados. ¿Acabará nuestra orgullosa civilización degradada, corrompida y destruida por sus propios inventos, diseñados para el más codicioso lucro y la explotación de la raza?
Las vacunas, en lugar de ser una bendición para el mundo, han demostrado ser tan devastadoras, causando más enfermedades y muertes que las guerras, la pestilencia y otras plagas. No existe azote (quizás exceptuando la radiación atómica) más destructivo para la salud de nuestra nación que este monumental engaño humano, este asesino de inocentes, este paralizador del cuerpo y cerebro – LA AGUJA ENVENENADA.
Eleanor McBean
Algunos párrafos “La aguja envenenada” (The Poisoned Needle) de Eleanor McBean:
LAS VACUNAS ESTÁN BASADAS EN UNA FALSA PREMISA
La errónea “teoría de los gérmenes” aplicada a las enfermedades, en la que se basan las vacunas, ha sido el “guía ciego del ciego” que ha hundido al sistema médico y al impresionable público aún más en una ciénaga de confusión y enfermedad. (La teoría de los gérmenes se describe más exhaustivamente en el capítulo ON FRIENDLY TERMS WITH GERMS del Tomo II). En el presente capítulo sólo queremos destacar la inestabilidad de la nebulosa teoría de los “anticuerpos”, que es la columna principal que sostiene el sarcófago de la vacunación. En el volumen 6 de THE HYGIENIC SYSTEM (EL SISTEMA HIGIÉNICO), el Dr. Herbert M. Shelton observa con lupa este “tramposo” asunto de los anticuerpos. Esas elusivas pequeñas cositas han engañado a la gente y sido de utilidad para los médicos, pero miradas bajo la luz clara de la investigación científica se han esfumado como mera teoría.
El Dr. Shelton escribe: "Toda esta moderna práctica médica de las terapias a base de vacunas, sueros y antitoxinas está basada en la suposición de que el cuerpo produce unas substancias llamadas antitoxinas, anticuerpos, antígenos etc., capaces de destruir las toxinas que entran en el cuerpo. La idea suena bien, pero también es posible que la destrucción de estas toxinas se deba al trabajo de desintoxicación que realizan el hígado, las glándulas linfáticas etc. Jamás se ha logrado aislar antitoxinas, anticuerpos, antígenos etc. Sólo son una suposición, porque las prácticas basadas en su presunta existencia han sido un fallo y un desastre. Sin embargo, puede ser que no haya sido a causa de su no existencia. Y si existen, es imposible separarlas de las proteínas de la sangre del animal (haciendo vacunas). Y estas proteínas, inyectadas directamente en la sangre de otro animal (o ser humano) son altamente tóxicas. Además, no existen pruebas de que las antitoxinas de una especie puedan ser provechosas para otra. Vacunar significa introducir materia patológica en la sangre, es decir, los supuestos gérmenes casuísticos o algún otro producto de la enfermedad son introducidos en el cuerpo. A menudo, las consecuencias son terribles. Nunca se ha podido constatar un beneficio real.
"Aunque la hipótesis de que el cuerpo produce antitoxinas, anticuerpos etc. fuera cierta, aún queda por ver si el cuerpo es capaz de producirlos en cantidades superiores a las necesarias. No es posible probar que las antitoxinas, anticuerpos etc. quedan suspendidas en el suero de la sangre de tal modo, que puedan ser transferidos a otro animal en las cantidades requeridas por éste. Según una ley general de la vida, es muy probable que el cuerpo produzca un exceso de anticuerpos, pero no se puede probar que el cuerpo las conserve una vez haya dejado de necesitarlas. Al contrario, porque según otra ley general de la vida, es muy probable que el cuerpo empiece a deshacerse de ellos a partir del momento en que deja de necesitarlos. Si existen, son substancias químicas producidas para afrontar una emergencia, que son eliminadas en cuanto la emergencia ha dejado de ser."
El renombrado Dr. Antoine Bechamp, uno de los más eminentes científicos y bacteriólogos del mundo, observó que los microorganismos, vulgarmente conocidos como gérmenes, se desprenden de las células en descomposición, células que ellos previamente habían ayudado a crear, para seguidamente participar en el proceso de descomposición inherente a la siempre cambiante vida, ayudando de este modo a transformar la materia a un estado más asequible para la naturaleza. Por lo tanto, cuando en un cuerpo enfermo se encuentran gérmenes, no es porque éstos hayan penetrado en él desde el exterior provocando la enfermedad, sino porque han sido creados por las mismas células en descomposición del cuerpo enfermo, jugando un importante papel como combatientes contra la basura y la destrucción provocadas por los sueros, fármacos y otros venenos que han accedido al cuerpo desde el exterior. Quizás nuestros modernos bacteriólogos, después de observar la actividad de estas “microcimas”, hayan llegado a la conclusión de que se trata de anticuerpos luchando contra la enfermedad, y que ellos (los médicos) deben inyectar en el cuerpo aún más de estos “anticuerpos” (vacunas). Pero cualquier persona con sentido común y capacidad de razonamiento puede ver que algo así sólo puede interferir en y mermar los esfuerzos de la naturaleza, tan bien organizada. Este es el motivo por el cual las vacunas se han cobrado tantas vidas y provocado tantas enfermedades generalizadas.
"La naturaleza no hace errores ni incumple las leyes. Está uniformemente gobernada por principios fijos, y todas sus acciones armonizan con las leyes que rigen estas acciones” (THE HYGIENIC SYSTEM [EL SISTEMA HIGIÉNICO], pág. 48 — Shelton —)
"El mejor, por no decir el único método de promover la salud individual y pública es enseñarle a la gente las leyes de la naturaleza, es decir, enseñarles a conservar la salud. Los programas de inmunización son fútiles y están basados en el delirio de querer anular la ley de causa y efecto. Las vacunas y sueros se emplean como substitutos de la vida correcta, es decir, intentan suplantar la debida obediencia a las leyes de la vida. Estos programas son bofetadas en la cara de la ley y del orden. Creer en la inmunización es una forma de demencia delirante." (PRINCIPLES OF NATURAL HEALING (PRINCIPIOS DE LA CURACIÓN NATURAL) — pág. 478 — Shelton)
LAS VACUNAS REDUCEN LA RESISTENCIA Y FOMENTAN LAS ENFERMEDADES
El Dr. J. W. Hodge tuvo una considerable experiencia con las vacunas antes de denunciar su utilización en un libro sobre los datos recolectados por él. En la página 41 de su libro THE VACCINATION SUPERSTITION [LA SUPERSTICIÓN SOBRE LAS VACUNAS] (pág. 41) dice:
"Después de un estudio exhaustivo de los más auténticos informes y hechos, en armonía con las observaciones y experiencias diarias de los médicos, hemos llegado a la conclusión de que en lugar de proteger a sus pacientes del contagio de la viruela, la vacunación los hace más propensos a padecerla. Vacunar significa implantar la enfermedad — este es su objetivo admitido. Pero el objetivo es crear salud, no enfermedad ... Cualquier disturbio patogénico en el organismo infectado merma sus poderes vitales, disminuyendo su capacidad de resistencia natural.
"Este hecho es tan bien conocido y universalmente reconocido, que parecería superfluo citar aquí autoridades. Sin embargo, permítanme citar a una: el International Textbook of Surgery [Libro internacional de texto de la cirugía]; Vol. 1. pág. 263, que tiene autoridad para afirmar lo siguiente:
"‘Las personas debilitadas por una enfermedad o desgastadas por exceso de trabajo son más propensas a padecer infecciones que las personas sanas’.
"Si esto es cierto, explicaría por qué durante diferentes epidemias la viruela siempre atacó primero a las personas vacunadas y por qué estas enfermedades siguen infestando al mundo civilizado, mientras sus aliadas “enfermedades míseras” (‘filth diseases‘) (antes de que existieran las vacunas) desaparecieron antes de la llegada de la civilización, simplemente porque se construyeron canalizaciones y se mejoraron la higiene y la nutrición."
SUMARIO DEL CASO VACUNACIONES (OBLIGATORIAS)
El Dr. Hodge prosigue:
"Después de una cuidadosa consideración de la historia de las vacunas mediante un estudio imparcial y exhaustivo de las estadísticas vitales y datos pertinentes de todas las fuentes fidedignas y después de la experiencia derivada de haber vacunado a 3000 personas, estoy firmemente convencido de que la vacunación no tiene relación lógica alguna con la disminución de los casos de viruela y de —
"1
— Que la práctica de la vacunación ha sido la causa
principal de la diseminación de algunas de las enfermedades más
mortales, como la lepra, sífilis, el tétanos y la
tuberculosis;
2 — Que la vacunación no sólo es inútil, sino positivamente
dañina, y que al intentar proteger a las personas del contagio
de la viruela, en realidad las hace más propensas a padecerla,
mermando su capacidad y resistencia naturales;
3 — Que la inmunidad contra todas las enfermedades debe
conseguirse conquistando la salud y no propagando enfermedades;
"4 — Que nunca es necesario de introducir una enfermedad
en un organismo sano para protegerlo de otra (enfermedad); que
tal procedimiento es una violación espantosa de los principios
básicos de la ciencia de la higiene y sanidad;
5 — Que la administración de vacunas (...) viola los
preceptos cardinales de la medicina aséptica moderna, cuya
finalidad es excluir del cuerpo agentes patológicos, pero nunca
introducirlos en él;
6 — Que no existen pruebas dignas de mencionar que demuestren
que la vacunación prevenga o mitigue la viruela;
7 — Que muchos niños sanos han muerto por los efectos de la
vacuna;
8 — Que millones de personas vacunadas han muerto de viruela
confluente, dejando en sus cuerpos evidentes cicatrices de la
vacunación;
9 — Que las epidemias de viruela invariablemente atacan
primero a las personas vacunadas;
10 — Que la viruela es producto de las flagrantes violaciones
de las leyes de la salud, de la higiene y de los sistemas
sanitarios;
11 — Que todas las grandes epidemias de viruela han coincidido
con los periodos de negligencia sanitaria;
12 — Que la viruela vacuna y la viruela venérea tienen mucho
en común;
13 — Que la analogía entre las manifestaciones de la vacuna y
de la sífilis es tal, que muchos de los más eminentes patólogos
del mundo afirman que la viruela vacuna es una forma modificada
de la sífilis;
"14 — Que la llamada ‘viruela vacuna espontánea’ es
un mito; que la viruela vacuna es un desorden no natural de la
vaca; que nunca se manifiesta en los toros ni en las vaquillas jóvenes
que nunca han sido amamantadas; que es una enfermedad de las
vacas lecheras transmitida por heridas en las manos de ordeñadores
sifilíticos;
"15 — Que las enfermedades mortales importantes como cáncer,
sífilis, afecciones cardiacas, polio, tuberculosis etc. nunca
podrán ser eliminadas mientras sigamos contaminando la sangre
con vacunas;
"16 — Que las comunidades que disponen de
infraestructuras sanitarias, de abastecimiento de agua en
condiciones, de alimentos saludables y que gozan de buena salud
y se salvan del envenenamiento de la sangre por vacunas, poco
tienen que temer de la viruela o de cualquier otra enfermedad;
"17 — Que de ninguna persona puede decirse que es
propensa al contagio de la viruela
o de otra enfermedad mientras esa persona esté en
perfecto estado de salud;
"18 — Que un buen estado de salud resiste y repele el
asalto de influencias morbíficas, siendo por tanto la mejor
protección contra las enfermedades;
"19 — Que las vacunaciones han incumplido totalmente las
promesas hechas por Jenner y sus seguidores, que dejó un legado
de enfermedades y muertes para nuestra raza y cobró la suma de
$150,000 del gobierno británico;
"20 — Que las vacunaciones
obligatorias
están a la altura de la esclavitud humana y las persecuciones
religiosas y son uno de los más flagrantes ataques contra los
derechos de la raza humana."
"21 — Que Suiza, Inglaterra, Australia y otros países
abolieron las vacunaciones
obligatorias después
de probarse y demostrarse que sus efectos son desastrosos; pero
la América “libre” no tiene leyes sancionadoras de este
crimen.
"22
— Que las reformas no las hacen los que las necesitan, que no
podemos esperar a que los médicos o el gobierno abolirán
voluntariamente la vacunación (obligatoria); que la gente debe
alzarse y exigir ser liberada de esta carrera de codicia,
ignorancia y destrucción. Sólo entonces podremos tener la
esperanza de ver la luz de un nuevo día lleno de salud,
progreso y armonía.
COMENTARIOS DE FUNCIONARIOS DE SANIDAD SOBRE LA VIRUELA VACUNADA
Sir Thomas Chambers, Q.C.M.P., escribano de la ciudad de Londres dijo:
"Encontré que de las 155 personas ingresadas en el Hospital de Viruela Parish of St. James, Piccadilly, 145 habían sido vacunadas."
En el Marylevore Hospital, el 92 % de los enfermos de viruela habían sido vacunados.
El informe Marson del Highgate Hospital de1871 dice que, "de los 950 enfermos de viruela, 870 (90%) habían sido vacunados."
En el Hempstead Hospital, el 13 de mayo de 1884, de los 2,965 ingresados con viruela , 2,347 habían sido vacunados.
Después de estas epidemias de vacunados, más y más gente se rebeló contra las injustas leyes de vacunación. Gracias a esto y a la mejora de los sistemas sanitarios y de la alimentación, la viruela empezó a declinar y lo sigue haciendo en la actualidad... .
"En 1942, por un solo caso de viruela en Seindon (Reino Unido), un gran número de personas fueron vacunadas. En total hubo tres casos de viruela, que se recuperaron, pero 12 personas vacunadas murieron de una inflamación del cerebro (un típico efecto secundario de las vacunas). En el mismo año, cerca de Edinburg, Escocia, ocho personas murieron de la viruela (seis de las cuales habían sido vacunadas) y diez fallecieron por los efectos de la vacuna.
"Yo no iría tan lejos de afirmar que las vacunas nunca salvaron a alguien de la viruela. Hay constancia de que miles de víctimas de este rito supersticioso fueron salvadas de la viruela por el potencia inmunizadora de la muerte. Pero es un hecho de que las estadísticas de Inglaterra y Gales demuestran claramente que la vacunación ha matado diez veces más gente que la viruela y que los casos de viruela han disminuido proporcionalmente con el decrecimiento de las vacunaciones... Uno se podría preguntar, con las palabras del Vaccination Inquirer (Londres, febrero de 1947): ‘¿Cómo puede una operación en declive ser responsable de la exterminación de la viruela?" (ver Vaccine and Serum Evils, p. 23, by Dr. H. M. Shelton)
LA CORTE SUPREMA CREA UN PRECEDENTE
“Cualquier
ser humano adulto en su sano juicio tiene el derecho a decidir
sobre su propio cuerpo, y un médico que realiza una operación
(la vacuna es técnicamente una operación) sin el
consentimiento de su paciente comete una agresión, siendo
responsable de los daños que pudiera ocasionar.”
Benjamin Cardozo, juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos de América (1932-1938)
Fuente: http://www.whale.to/a/mcbean.html
Traducción Manuel Franquesa Voneschen
Ver también:
a la monja Teresa Forcades en "Campanas por la gripe
A" en
http://www.youtube.com/watch?v=L4738T3bmKc
o leer su ensayo "Los crímenes de las grandes compañías farmacéuticas" en
(http://www.fespinal.com/espinal/llib/es141.pdf).
al "conspirador" DAVID ICKE en "NO TE VACUNES":
http://www.youtube.com/watch?v=dVI8WxK3iz0
a la "conspiradora" Jane Burgermeister, periodista científica que ha presentado cargos
criminales contra la Organización Mundial de la Salud. Más
sobre esta valiente mujer en
http://es.wikipedia.org/wiki/Jane_Burgermeister
o su página Web: http://www.theflucase.com/
o sobre su denuncia (en castellano):
http://llegolahoradespertemos.blogspot.com/2009/07/jane-burgermeister-denuncia-la-verdad.html
a la "conspiradora" doctora finlandesa Rauni Kilde, hablando
de las vacunas contra la gripe porcina con más cordura que la
despampanante rubia y ministra de sanidad de España Trinidad
Jiménez en
Para más "genialidades" médicas del Siglo 20, lea también NÉMESIS MÉDICA de Ivan Illich (introduzca en google las palabras mágicas nemesis medica la veritat)
¿Vacunas como armas biológicas? La empresa Baxter envía a 18 países vacunas que contienen virus de la gripe aviar vivitos y coleando
Cántico para animar a los enfermos de la gripe
ver también
ir a la página principal de LA VERITAT