Algunos Poemas de Bertolt Brecht

traducidos --sin pretensiones literarias-- por Manel Franquesa, subdirector de LA VERITAT, gaceta renacentista de Castelldefels (Catalunya)


Índice

- Leyenda del origen del libro de Tao Te King durante
el camino de Lao Tse hacia la emigración

- Mi hermano era aviador

- Preguntas de un obrero lector

- El señor K. y los gatos

- El amor a la patria y el odio a las patrias

- Ulm 1592 [Obispo, puedo volar]

- Balada de la prostituta judía María Sanders

- La inscripción invencible

- Canción del pintor de brocha gorda Hitler

- Parábola del Buda y la casa en llamas

- Sobre el enseñar sin alumnos

- El cambio de rueda

- Elogio al partido

- El humo

- Yo el superviviente

- Durante el nacimiento de un hijo (según Su Tung-pó)

- Cuando acabó la última guerra

- Epitafio para M.

- Quiero ir con el que amo

- Pequeña canción

- Una amarga canción de amor (Bertolt Brecht)

- Como fue (I)

- Cuando la casa de los poderosos se derrumba

- La cruz de los mejores (agraciados)

- Una buena respuesta


Leyenda del origen del libro de Tao Te King durante el camino de Lao Tse hacia la emigración

1

Cuando cumplió los setenta, y se sintió débil,

el maestro se fue en busca de la paz,

porque el bien volvía a escasear en el país,

y la maldad de nuevo estaba en auge.

Y el maestro se puso los zapatos.

2

E hizo un fardo con lo que necesitaba:

Poca cosa. Pero esto y lo otro.

La pipa, que fumaba por las noches,

y el librito, que siempre leía.

Y un poco de pan blanco.

3

Volvió a alegrarse contemplando el valle,

y lo olvidó cuando subía a los montes.

Y su buey se deleitaba con la hierba fresca,

masticando, mientras cargaba con el viejo,

que estaba satisfecho con la marcha.

4

Pero al cuarto día, entre las rocas,

un aduanero le cortó el paso:

"¿Algo valioso qué declarar?" – "Nada".

Y el muchacho, que llevaba el buey, dijo: "Era un maestro".

También esto quedó claro.

5

Pero el hombre, de buen humor,

preguntó de nuevo: "¿Y encontró alguna cosa?"

Dijo el muchacho: "Que la blanda agua en movimiento,

con el tiempo a la dura piedra derrota.

Me entiendes: lo duro siempre sucumbe".

6

Y para no perder la última luz del día,

el muchacho tiró del buey.

Y mientras los tres desaparecían detrás de un pino,

de repente el hombre se puso activo,

y gritó: "¡Eh, tu, deténte!"

7

"¿Qué pasa con el agua, buen hombre?"

Y el viejo respondió: "¿Te interesa?"

Y dijo el hombre: "Yo sólo soy aduanero,

pero quién vence a quién también me interesa.

¡Si lo sabes, habla ahora!

8

¡Apúntamelo! ¡Díctaselo al muchacho!

No te lleves algo así contigo.

Aquí tenemos papel y tinta,

y una cena también: yo vivo aquí.

¿Acaso no es un buen trato?"

9

Por encima del hombro,

el viejo miró al hombre: harapos, descalzo.

Y en su frente una sola arruga.

Esto –pensó- no es un vencedor.

Y murmuró: "¿También tu?".

10

Pero para denegar un amable ruego,

era demasiado viejo, según parece.

Y en voz alta dijo: "Los que preguntan,

bien merecen una respuesta". Y habló el muchacho: "Empieza a hacer frío".

"Bien, descansemos un poco".

11

Y del buey se bajó el viejo,

siete días habían marchado juntos.

Y el aduanero trajo comida (y en voz muy baja,

maldecía sin cesar a los contrabandistas).

Y llegó el momento.

12

Y una mañana, el muchacho le entregó

ochentiuno proverbios,

y agradecidos con un pequeño regalo

doblaron el camino detrás del pino.

Decid: ¿Se puede ser más amable?

13

¡Pero no alabemos sólo al sabio,

cuyo nombre consta en el libro!

Porque al sabio, antes hay que arrancarle la sabiduría.

Por ello, démosle también las gracias al aduanero:

Él se la pidió.


Mi hermano era aviador

Mi hermano era aviador.

Un día recibió una carta,

que guardó en su baúl,

y voló hacia el sur.


Mi hermano es un conquistador.

Nuestro pueblo necesita espacio

y conquistar más suelo

es nuestro viejo sueño.


El territorio que conquistó mi hermano

se encuentra en el macizo de Guadarrama

y mide metro ochenta de largo

y metro cincuenta de hondo.


Preguntas de un obrero lector

¿Quién construyó el Tebas de las siete puertas?

En los libros constan los nombres de reyes.

¿Llevaron los reyes los bloques de piedra a cuestas?

Y la repetidamente destruida Babilonia,

¿quién la volvió a reconstruir? ¿En qué casas

vivían los constructores de la Lima que brillaba como el oro?

¿Adónde fueron los albañiles la noche en que

fue terminada la muralla china? La gran Roma

está llena de arcos de triunfo. ¿A quién

vencieron los césares? En la tan cantada ciudad de Bizancio

¿sólo había palacios para sus habitantes?

Incluso en la tan mítica Atlántida

en la noche que fue devorada por la mar

los que se ahogaban llamaban a sus esclavo.

El joven Alejandro conquistó la India.

¿Él sólo?

Cesar derrotó a los Galos.

¿Acaso no le acompañaba al menos un cocinero?

Felipe de España lloró cuando su flota

se hundió. ¿No lloró nadie más?

Federico II venció en la Guerra de los Siete Años.

¿Quién venció además de él?

Cada bando una victoria.

¿Quién guisó el banquete de la victoria?

Cada diez años un gran hombre.

¿Quién pagó los gastos?

Tantos informes,

tantas preguntas...


El señor K. y los gatos

Al señor K. no le gustaban los gatos. Le parecían poco amigos de los humanos; de modo que él tampoco era su amigo. “Si tuviéramos los mismos intereses”, decía, “su comportamiento poco amistoso me sería indiferente.” Pero al señor K. no le gustaba ahuyentar los gatos de su silla. “Echarse a descansar es un trabajo”, decía, “que merece tener éxito.” Cuando los gatos maullaban delante de su puerta, se levantaba de la cama, incluso si hacía frío, y los dejaba entrar en el calor del hogar. “Su pensamiento es sencillo”, decía, “cuando llaman, uno los deja entrar. Si uno deja de abrirles la puerta, dejan de llamar. Llamar es un progreso”.


El amor a la patria y el odio a las patrias

Al señor K. le traía sin cuidado vivir en un determinado país. Decía: “Puedo pasar hambre en cualquier sitio”. Pero un día, paseando por una ciudad ocupada por el enemigo del país en el que vivía, se cruzó con un oficial de ese enemigo, que le obligó a bajarse de la acera. El señor K. se bajó de la acera, realizando que estaba consternado con ese hombre, y no sólo con él, sino sobre todo con el país al que el hombre pertenecía, de modo que deseó que la tierra se lo tragara. “¿Por qué –se preguntaba el señor K.- en este minuto me he convertido en un nacionalista? Ha sido porque me crucé con un nacionalista. Pero es precisamente por esto que hay que exterminar la necedad, porque hace necio al que se cruza con ella.”


Ulm 1592 [Obispo, puedo volar]

“Obispo, puedo volar”,
dijo al obispo el sastre.
“¡Mira cómo lo hago!”
Y se subió, con uno de esos artefactos
que parecían alas,
al gran gran tejado de la iglesia.
El obispo prosiguió su camino.
“¡Todo son mentiras,
el hombre no es un pájaro!”,
decía el obispo del sastre.

“El sastre ha fallecido”,
le decían las gentes al obispo.
“Fue un acoso.
Sus alas se han destartalado,
y el hombre se ha estampado
sobre la dura dura plaza de la iglesia”.
“Que suenen las campanas,
no fueron más que mentiras,
el hombre no es un pájaro,
nunca el hombre volará”,
le decía el obispo a las gentes.


Balada de la prostituta judía María Sanders

“En Nuremberg promulgaron una ley
que hizo llorar a muchas mujeres,
que estaban acostadas con el hombre erróneo.
Las carnes golpean la ciudad,
los tambores suenan con poder,
Dios santo, si algo planean
será esta misma noche.

María Sanders, tu amado
tiene el pelo demasiado oscuro.
Es mejor que no seas tan amable con él
como lo fuiste ayer.
Las carnes golpean la ciudad,
los tambores suenan con poder,
Dios santo, si algo planean
será esta misma noche.

Madre, dame la llave,
la cosa no es tan grave,
la luna es la de siempre.
Las carnes golpean la ciudad,
los tambores suenan con poder,
Dios santo, si algo planean
será esta misma noche.

Una mañana, a las nueve,
María iba por la ciudad
en camisón, alrededor del cuello un cartel,
el cráneo afeitado.
Júbilo en la calle.
María mira con frialdad.
Las carnes golpean la ciudad,
esta noche habla el Streicher*.
Dios santo, si tuvieran oídos
sabrían lo que hacen con ellos.

*N.d.T.: “Gran jefe” nazi de la época


La inscripción invencible

Durante la guerra mundial,
en una celda de la prisión italiana de San Carlo,
abarrotada de soldados, borrachos y ladrones arrestados,
un soldado socialista escribió en la pared con un lápiz:
¡VIVA LENIN!
Lo escribió muy arriba, en la oscura celda, apenas visible,
pero con letras impresionantes.
Cuando los guardianes lo vieron, llamaron a un pintor con
un cubo de cal
que con un largo pincel sobrepintó la
amenazadora inscripción.
Pero como sólo cubrió las letras con cal
arriba en la celda ahora se podía leer
¡VIVA LENIN!
Otro pintor lo cubrió todo con un ancho pincel
y durante horas no se vio nada, pero hacia la mañana,
cuando la cal se hubo secado, la inscripción volvió a aparecer:
¡VIVA LENIN!
Entonces los guardianes mandaron contra la inscripción
un albañil con un cuchillo
que durante una hora rascó letra por letra.
Y cuando hubo terminado,
arriba en la celda ponía, descolorida
pero hondamente grabada en la pared, la inscripción invencible:
¡VIVA LENIN!
¡Derribad la pared! dijo el soldado.



Canción del pintor de brocha gorda Hitler

1
El pintor de brocha gorda Hitler
dijo: ¡Dejadme hacer a mí!
Y cogió un cubo de pintura fresca
y pintó la casa alemana.
Toda la casa alemana dejó como nueva.

2
El pintor de brocha gorda Hitler
dijo: ¡En un santiamén dejaré esta casa como nueva!
Agujeros, fisuras y grietas
todo lo cubrió con pintura.
Toda la porquería sobrepintó.

3
Oh, pintor de brocha gorda Hitler
¡Por qué no eras albañil? En tu casa,
cuando la lluvia moja la pintura,
toda la porquería vuelve a aparecer.
Toda la casa de mierda vuelve a aparecer.

4
El pintor de brocha gorda Hitler
aparte de pintura nada estudió
y cuando le dejaron
lo cubrió todo de mierda.
Toda Alemania cubrió de mierda.


Versión Española

Canción del pintor de brocha gorda Franco

Un poema de LA VERITAT inspirado en este simpático tipo:

1
El pintor de brocha gorda Franco
dijo: ¡Dejadme hacer a mí!
Y cogió un cubo de pintura fresca
y pintó la casa española.
Toda la casa española dejó como nueva.

2
El pintor de brocha gorda Franco
dijo: ¡En un santiamén dejaré esta casa como nueva!
Agujeros, fisuras y grietas
todo lo cubrió con pintura.
Toda la porquería sobrepintó.

3
Oh, pintor de brocha gorda Franco
¡Por qué no eras albañil? En tu casa,
cuando la lluvia moja la pintura,
toda la porquería vuelve a aparecer.
Toda la casa de mierda vuelve a aparecer.

4
El pintor de brocha gorda Franco
aparte de pintura nada estudió
y cuando le dejaron
lo cubrió todo de mierda.
Toda España cubrió de mierda.


Parábola del Buda y la casa en llamas

Gotama, el Buda, enseñaba la ciencia de la rueda de la codicia, de la que estamos tejidos, y recomendaba prescindir de la avidez, para así entrar sin deseos en la Nada, que él llamaba Nirvana.

Un día un discípulo le preguntó: -“¿Cómo es la Nada, maestro?. Todos nosotros queremos liberarnos de la avidez tal como tu predicas, pero dinos si la Nada a la que iremos es algo así como fundirse con todo lo creado, como cuando uno está echado en el agua a mediodía, con el cuerpo ligero, casi sin pensamientos, o durmiéndose, apenas notando como uno se acomoda bajo la manta, hundiéndose rápidamente; es decir, si esta Nada es una Nada alegre, una buena Nada o si, por el contrario, tu Nada sólo es una Nada fría, vacía y sin sentido”.

El Buda permaneció en silencio mucho tiempo antes de decir alegremente: 

-“Vuestra pregunta no tiene respuesta”.

Pero por la tarde, cuando se habían marchado, el Buda seguía sentado debajo del algarrobo y contaba a los otros discípulos, a los que no le habían preguntado, la siguiente parábola:

“Hace poco vi una casa. Estaba ardiendo. Por el tejado salían llamas. Me acerqué y vi que todavía había gente dentro. Le di una patada a la puerta y grité que había fuego en el tejado, advirtiendo a los moradores que salieran deprisa. Pero no parecían tener prisa. Uno de ellos quería saber, mientras el fuego ya le estaba chamuscando una ceja, cómo era la vida ahí fuera, si no estaría lloviendo, si soplaba el viento, si había otra casa cerca, y muchas cosas más.
Sin responder volví a salir de la casa. Esta gente –pensé- tiene que quemarse antes de dejar de hacer preguntas. De verdad os digo, amigos, que no tengo nada que decirle a los que todavía no tienen el suelo bastante caliente para cambiarlo por otro y se quedan donde están”.

Así habló Gotama, el Buda.

Pero tampoco nosotros, los que hemos dejado de dedicarnos al arte de la tolerancia para practicar el de la intolerancia, los que damos consejos terrenales a las gentes para que se deshagan de sus torturadores humanos, los que ante la llegada de los escuadrones de bombarderos del capital constatamos que la gente prefiere oír nuestra opinión sobre lo que pasará con su caja de ahorros o saber qué pantalones del domingo deberían ponerse el día de la revolución, tenemos mucho que decir.

(Interpretado libremente, en prosa y sobre todo sin pretensiones literarias por Manel Franquesa, subdirector de LA VERITAT, diario renacentista de Castelldefels)


Sobre el enseñar sin alumnos

Enseñar sin alumnos
Escribir sin fama
Es difícil.

Es bonito, salir por la mañana
Con las hojas recién escritas
Para ir al impresor que te espera, pasando por el mercado bullicioso
Donde venden carne y herramientas:
Tú vendes frases.

El conductor conduce deprisa
No ha desayunado
Cada curva es un riesgo
Entra rápidamente por la puerta:
El que quería recoger
Ya se ha ido.

Allí habla a aquel al que nadie escucha:
Habla en voz alta
Se repite
Dice falsedades
Nadie le corrige.


El cambio de rueda

Estoy sentado al borde de la carretera
El conductor cambia la rueda.
No me gusta estar allá de donde vengo.
No me gusta ir a donde voy.
¿Por qué me impaciento tanto
mirando cómo cambian la rueda?


Si duráramos infinitamente

Todo iba cambiando
Pero cómo somos finitos
mucho se queda como era.


Elogio al partido


El individuo tiene dos ojos
El partido tiene mil ojos.
El partido ve siete estados
el individuo ve una ciudad.
El individuo tiene su hora,
pero el partido tiene muchas horas.
El individuo puede ser aniquilado,
pero el partido no puede ser aniquilado.
Porque es la vanguardia de las masas
Y lidera su lucha
Con los métodos de los clásicos, que emanan
del conocimiento de la realidad.


El humo

La pequeña casa del lago bajo los árboles
De su techo sale humo.
Si faltara,
qué tristes serían
la casa, los árboles y el lago.


Yo el superviviente


El gobernador, preguntado por mí sobre lo que haría falta
para ayudar a los que pasan frío en nuestra ciudad
respondió: Una manta, diez mil pies larga,
que simplemente tapara todos los suburbios.


Durante el nacimiento de un hijo (según Su Tung-pó)

Las familias, cuando nace un niño
lo quieren inteligente.
Yo, que con la inteligencia
arruiné mi vida entera,
sólo puedo desear que mi hijo,
algún día,
sea ignorante y perezoso de pensamiento.
Así tendrá una vida apacible
como ministro en el gabinete.


Cuando acabó la última guerra

Hubo vencedores y vencidos.
Entre los vencidos, el pueblo humilde pasó hambre.

Entre los vencedores
el pueblo humilde también pasó hambre.


Epitafio para M.

Escapé de los tiburones
vencí al tigre
y fui comido
por los chinches.


Quiero ir con el que amo

Quiero ir con el que amo.
No quiero calcular cuánto cuesta.
No quiero pensar si es bueno.
No quiero saber si me quiere.
Quiero ir con el que amo.


Pequeña canción

1
Érase una vez un hombre
que empezó a beber
con dieciocho años -
arruinando su vida.
Murió a los ochenta.
El motivo, más claro que el agua.

2
Érase una vez un niño
que murió demasiado pronto
con un año -
arruinando su vida.
Nunca bebió: esto está claro.
Y murió con un año.

3
Por lo que reconoceréis
lo inofensivo que es el alcohol...


Una amarga canción de amor (Bertolt Brecht)

Sea como fuere ahora
un día la amé con locura
por eso también sé: un día
ella debía ser muy hermosa.

Ahora ya no me acuerdo como era:
un día borró siete radiantes meses


Como fue (I)


Primero la alegría no me dejó dormir
luego las penas velaban mis noches.
Cuando ambas cosas dejaron de afectarme
dormía. Pero, ay, cada mañana de mayo
me trajo una noche de noviembre.


Cuando la casa de los poderosos se derrumba

Cuando la casa de los poderosos se derrumba
muchos humildes mueren aplastados.
Los que no comparten la fortuna de los poderosos
a menudo comparten sus desgracias. El carro que se despeña
por el precipicio
arrestra consigo los sudorosos caballos.


La cruz de los mejores (agraciados)

"¿En qué está trabajando", le preguntaron al señor K. El señor K respondió: "Tengo muchas dificultades, estoy preparando mi próxima equivocación".


Una buena respuesta

Ante juicio, un proletario fue preguntado si deseaba utilizar la formulación civil o eclesiástica para hacer el juramento, a lo que el hombre respondió: "Estoy en el paro". "No fue un mero despiste", dijo el señor K. "Con esta respuesta el hombre ha dado a entender que se encuentra en una situación en la que este tipo de preguntas -y quizás todo el juicio- han dejado de tener sentido".


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