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Cuento de una noche de verano para padres estresados


Traducido original "Im Bett mit Plüschaffen" (En la Cama con Peluches) de Alex Hacke por el corresponsal de "LA VERITAT" en Birmania. Publicado en el semanario "DER SPIEGEL" nº. 29/2001, página 70

Tengo varios hijos con dos mujeres. He hecho ejercicios de respiración para embarazadas en salas mal ventiladas, me han dejado cortar el cordón umbilical de mis hijas e hijos en la sala de partos, he echado un vistazo al libro "Como amamantar correctamente a tu hijo". Tuve una fase de comer sano, y mientras mi mujer y yo hacíamos "albondigas de cebada, maíz con salsa de perejil" y "croquetas vegtarianas con pipas de girasol secadas al sol", mis hijos engullián pasta con Ketchup del súper y mi mujer no comía nada. Me engordé un montón y tenía flatulencias. También tuve 800.000 discusiones sobre la necesidad de limpiarse los dientes antes de dormir y le he leído a mis hijas e hijos todos los cuentos de Andersen bajo una pésima luz.

No hay nada humano que me pueda sorprender.

Al poco tiempo de haber engendrado a mi hijo pequeño, Luis, llevé a mi mujer a un bello restaurante en el campo. Al volver hacia el coche, un gato saltó del capó de nuestro coche. Nos sentamos.

- ¿Qué es esto sobre el capó? - preguntó Paola, mi mujer. - Parece una caca de gato - respondí.

Paola se puso pálida. - ¡Espera! - exclamó. -¿Porqué? -, le respondí. Que si yo no había oído hablar de que en la caca del gato viven los huevos de un parásito, que causa la toxoplasmosis -una enfermedad que puede ser muy seria para el embrión. - ¡Pero la caca está afuera y nosotros dentro! -, le respondí. - ¡Entre nosotros están los cristales y los filtros de aire. Y los huevos del parásito no saben ni andar ni volar! -

- ¿Y si saben?-, me respondió ella.

-¡Imposible! -

- ¡Saca esa caca! -

Me puse nervioso. Tengo tendencias hipocondríacas, el miedo a las enfermedades no me sieta nada bien. Me bajé del coche, cogí unas hojas de morera y limpié la "cosa" del capó. Volví a sentarme detrás del volante.

- ¡Lávate las manos! - me dijo ella.

Me volví a bajar del coche, volví al restaurante y me lavé las manos. Por fin nos pusimos en camino. Pero durante el resto del día sentía como Paola me rechazaba físicamente. Que se resistía al contacto físico. Acabamos peleándonos. ¡Idiota, soy un idiota!. ¡Te peleas con una embarzada que lleva a tu hijo en sus entrañas! ¿Acaso no sabes, que toda mujer tiende a la histeria cuando en su vientre está ocurriendo un milagro así? ¿Porqué siempre la cagas?

Lo terrible de ser progenitores es: Uno siempre tiene la impresión de hacerlo todo mal. Todos los niños del mundo se duermen solitos, menos el tuyo, que exige que estés a su lado antes de dormirse. Todos los niños del mundo comen tranquilos, solo los tuyos se meten debajo de las mesas en el restaurante, se meten restos de comida en la boca y acaban enervando a una pareja de jubilados, que miran hacia tu mesa. Los perogenitores vivimos aterrorizados.

Luis, mi benjamín, solo tiene tres añitos. Pero siempre acaba metiéndose por las noche entre mí y mi mujer, se arramba contra ella y me acaba poniendo los pies en la cara y no para hasta que refunfuñando recolecto mi hedredón en busca de la habitación del niño. Maldiciendo me echo en la pequeña cama entre ositos de peluche y piezas de Lego y contemplo las estrellitas fluorescentes pegadas en el techo de la habitación. ¡Un hombre de 45 años, en la flor de la vida, metido en una cama de niño!

Edipo mató a su padre antes de que éste se casara con su madre. Ya no está de moda, gracias a Dios. Pero lo que hay ahora tampoco es una gloria.

A la mañana, después de pasar una noche así, me gusta quejarme de dolores de espalda y que me espera un duro día de trabajo en la oficina.

- ¡¿Pero de qué te quejas, si tienes un trabajo interesante y conoces a un montón de gente en el bar?!- me dice Paola. Y yo le respondo: - No tienes ni idea de la presión que tengo que soportar. La vida profesional no es tan romántica como la tuya, que tienes la suerte de estar todo el día con este bonito bebé y encima recibes visitas! -

Me voy deshecho a la oficina. No solo cansado, sino con una sensación de ser una especie de esclavo del campo, como una cosa sin importancia o superfluo.

Pero pasa que, cuando vuelves por la noche del trabajo, tu hijo viene corriendo por el pasillo con los brazo abiertos, gritándo:

- ¡Papa, papa, mira lo que he hecho y te muestra un barco de cartón o un avión de Lego. Y tú lo abrazas a tu hijo y piensas: - ¿Es posible que yo sea feliz en este momento? ¿Es posible que a menudo yo sea tan feliz y ya no me doy cuenta de ello? -

Lo que os quería decir con todo esto: Si quieres tener hijas y hijos, prepárate a vivir en el caos. No entenderás a tu mujer. Ella no te entenderá a tí. Tus vecinos no te entenderán. Tendreis largas y locas diferencias sobre la consistencia de las feces de vuestras hijas e hijos, sobre la beneficiencia o nocividad del azúcar en la tierna infancia. A lo mejor, al final tendreis que ir a una asesora o asesor matrimonial. Habrá días en que os sentireis como comparsas de una obra de teatro del mismísimo Ionesco o que al autor se le hubieran ocurrido figuras como la vuestra. Vivireis en el más absurdo de los líos.

¡Disfrutádlo, que son cuatre díes!