LA VERITAT

Aforismos de Rabindranath Tagore
Luciérnagas
螢火蟲
Muy libremente (re)interpretadas por Manuel Franquesa Voneschen
|
Nota del intérprete: No sabemos con certeza si fue el mismo Tagore quien tradujo sus aforismos escritos en su lengua materna – el bengalí – al inglés, idioma que según sus biógrafos dominaba a la perfección. Sea como fuere, su pensamiento es profundamente oriental, por lo que la traducción a cualquier lengua occidental es per se una misión prácticamente imposible – incluso para el propio autor. Nosotros lo hemos intentado a partir de la versión inglesa, pero consultando una excelente traducción al alemán de G.M. Muncker y A. Haas ("Leuchtkäfer", Hyperion-Verlag, Freiburg im Breisgau, año desconocido), lo cual podría aumentar – o no – las posibilidades de acercarse a la esencia filosófica de este gran maestro, cuyos aforismos encantadoramente "sencillos" destilan una profunda sabiduría y un enorme respeto hacia la vida. Para quien sabe leer entre las líneas, estos aforismos serán aún de más provecho. Dicen que las últimas palabras del maestro fueron "Porque amé esta viva, no dejaré de amar a la muerte del mismo modo". Manuel Franquesa Voneschen Castelldefels, septiembre de 2010 |
Luciérnagas
Mis sueños son
luciérnagas,
chispas de luz
viviente,
centelleando en
la oscuridad.
Las voces de
las margaritas en el camino,
que brotan sin
pretensiones,
son meros
murmullos de este mi tiempo fugaz.
En las cuevas
somnolientas y oscuras de la mente,
los sueños
construyen sus nidos con fragmentos
perdidos
durante el viaje de mi día.
La primavera
esparce los pétalos de las flores
que no han sido
destinadas a ser frutos del futuro
sino caprichos
del instante.
La alegría,
liberada de las ataduras de la tierra durmiente,
fluye con ímpetu
hacia incontables hojas
y baila en los
aires durante todo un día.
Mis palabras,
pronunciadas con levedad
tal vez sigan
danzando sobre las olas del tiempo
el día que mis
obras de gran peso ya se hayan hundido.
Las mariposas
nocturnas de la mente
se dotan de
delicadas alas
y emprenden el
vuelo de despedida
en el cielo del
crepúsculo.
La mariposa no
cuenta los meses, sino los momentos,
y tiene tiempo
de sobra.
Con una
carcajada, mis pensamientos -como chispas-
vuelan montados
en sorpresas con alas.
Con amor, el árbol
contempla su hermosa sombra,
que sin embargo
nunca podrá alcanzar.
Deja que mi
amor te abrace como la luz del sol
pero dándote
la más luminosa libertad.
Los días son
burbujas coloridas
flotando sobre
la superficie de una noche inescrutable.
Mis ofrendas
son demasiado tímidas para pedirte que las recuerdes,
tal vez por eso
las recuerdes.
Si es una carga para ti,
olvídate de
que este regalo te lo hice yo,
pero quédate
al menos con mi canción.
El mes de
abril, como un niño,
escribe
jeroglíficos sobre el polvo con
flores,
los borra de
nuevo y se olvida.
La memoria, la sacerdotisa,
mata el
presente
y sacrifica su
corazón en los altares del pasado ya difunto.
De la solemne
penumbra del templo
los niños
salen corriendo para sentarse en el polvo.
Dios contempla
sus juegos
y se olvida del
sacerdote.
En un momento de iluminación, mi mente se alza
en pensamientos
torrenciales,
como un arroyo
con su torbellino repentino,
que nunca
volverá a repetirse.
En la montaña,
el silencio se levanta
para explorar
su propia altura;
en el lago, el
movimiento se detiene
para contemplar
su propia profundidad.
El único beso
de la languideciente noche
sobre los todavía cerrados párpados de la mañana,
brilla con la
estrella del alba.
Muchacha, tu
belleza es como un fruta
antes de
madurar,
tersa de un
secreto inquebrantable.
La tristeza que
ha perdido la memoria
es como las horas mudas de la oscuridad,
donde no hay
cantos de pájaros
sino sólo el
chirrido de los grillos.
El fanatismo intenta agarrar la verdad con el puño
hasta
estrangularla.
Para darle
coraje a una tímida lamparita
la gran noche
enciende todas las estrellas.
Aunque esté
abrazando a la Tierra,
el cielo está infinitamente lejos.
Dios busca
compañeros y pide amor,
el diablo busca
esclavos y exige obediencia.
Como pago por
sus servicios, la tierra
mantiene al árbol
atado a ella;
el cielo no
pide nada y lo deja en libertad.
Como una joya,
la inmortalidad
no presume de
sus muchos años,
sino de su
brillo momentáneo.
El niño vive
siempre en el misterio de la juventud eterna,
que el polvo de
la historia no puede cubrir.
Con una dulce sonrisa, la creación
camina con
ligereza a través
del tiempo.
Por la mañana
sentí la cercanía de una persona distante,
pero la
sentí aún más cerca cuando la noche se la llevó.
Las adelfas
blancas y rosadas se juntan
y se entretienen alegremente
en diferentes dialectos.
Cuando la
paz pasa a la acción para deshacerse de la suciedad,
se convierte en
tormenta.
El lago se
encuentra al pie de la colina,
como una súplica llorosa del amor
postrado
a los pies de lo inamovible.
El Niño Divino
sonríe
entre sus
juguetes de nubes sin sentido
de luces y
sombras efímeras.
La brisa le
susurra a la flor de loto:
"¿cuál
es tu secreto?"
"¡yo
misma!", le responde la flor,
"¡róbalo
y desapareceré!"
La libertad de
la tormenta y la esclavitud del tronco
se dan la mano
durante la danza de las balanceantes ramas.
Los susurros de
amor del jazmín al sol son sus flores.
El tirano exige
libertad para matar la libertad
para luego
quedarse con ella.
Hartos de su
paraíso, los dioses envidian al hombre.
Las nubes son montañas de vapor;
las montañas
son nubes de piedra,
una fantasía
de los sueños del tiempo.
Dios espera que
Su templo sea construido con amor;
los hombres
traen piedras.
Acaricio a Dios en mi canción;
cómo la montaña, con su cascada,
acaricia el mar lejano.
La luz
encuentra su tesoro de colores
a través del
antagonismo de las nubes.
Mi corazón
diurno le sonríe a su noche llena de lágrimas
como un árbol
centelleando en el sol después de la lluvia.
Di las gracias
a los árboles que colmaron de frutos mi vida,
pero olvidé
recordar la hierba,
que siempre la
mantuvieron verde.
El
"uno" sin el "otro" es el vacío;
el otro
"uno" lo hace realidad.
Los errores de la vida buscan una belleza piadosa,
capaz de
integrar su aislamiento
en la armonía
con el todo.
Uno espera su
agradecimiento por haberlos ahuyentado del nido,
ahora que
tienen una jaula tan bien proporcionada y segura.
Con amor pago mi eterna deuda contigo,
por aquello que
tú eres.
En su
oscuridad, el estanque transmite su poesía en forma de lirios,
y el sol
dice que son hermosos.
Tus calumnias
contra lo grande son impías,
porque te
dañan a ti mismo;
calumniar lo pequeño es vil,
porque daña a
la víctima.
La primera flor
que brotó sobre la Tierra
fue una invitación a la canción que todavía no había nacido.
La aurora –
la flor polícroma – se marchita
para devenir un
simple fruto luminoso
– el sol.
La boca que
duda de su sabiduría
reprime la voz
que quiere gritar.
En la tormenta, el viento intenta apoderarse de la llama
– sólo para
apagarla.
El juego de la
vida es rápido,
los juguetes de
la vida van cayendo uno tras otro
y acaban siendo
olvidados.
Flor mía, no
busques el paraíso
en el ojal de
un necio.
Hoy te has
levantado tarde, mi luna creciente,
pero mi pájaro
nocturno sigue despierto para saludarte.
La oscuridad es
la novia velada,
que en silencio
espera la luz errante
para volver a
su seno.
Los árboles
son el interminable intento de la tierra
de hablar con
el cielo que escucha.
La carga del yo
es más llevadera
cuando me río
de mí mismo.
Los débiles
pueden ser terribles
porque intentan
frenéticamente parecer fuertes.
El viento del
cielo sopla,
el ancla se
agarra desesperadamente al lodo,
y mi barco
golpea con el pecho contra la cadena.
El espíritu de
la muerte es "uno",
el espíritu de
la vida es "muchos".
Cuando Dios está
muerto, la religión se vuelve "uno".
El azul del
cielo añora el verde de la tierra,
y entre ambos
el viento suspira su "Ay".
El dolor del día
a día, amortiguado por su propia brillantez,
arde entre las
estrellas de la noche.
Las estrellas
se juntan alrededor de la noche virgen
con el pudor
silencioso de su soledad,
que nunca podrá
ser tocada.
La nube entrega
todo su oro
al sol poniente
y saluda a la
luna naciente
con una mera
sonrisa pálida.
Quien hace el
bien llega hasta las puertas del templo;
quien ama llega hasta el Altar.
Flor, ten
piedad de la oruga;
no es una abeja:
su amor es
torpe y pesado.
Con las ruinas
de la victoria del terror
los niños
construyen sus casas de muñecas.
La lámpara
espera, ninguneada durante el largo día,
el beso de la llama
en la noche.
Perezosas y satisfechas, las plumas yacen sobre el polvo;
han olvidado su
cielo.
La flor que
florece en la soledad
no necesita
envidiar a las espinas,
que son tan numerosas.
Nada hace
sufrir más al mundo que la tiranía desinteresada
de los que
le desean lo mejor.
Alcanzaremos la
libertad cuando hayamos pagado íntegramente el precio
de nuestro
derecho de vivir.
Tus repentinos
regalos sin motivo,
como meteoritos
en una noche de otoño,
se incendian en
las profundidades de mi ser.
La fe que
aguarda en el corazón de una semilla
es la promesa
de un milagro de la vida
que no puede
demostrarse de inmediato.
La primavera
vacila ante las puertas del invierno,
pero la flor de
mango corre hacia ellas prematuramente,
hacia su propia
perdición.
El mundo es la espuma
siempre cambiante
que flota en la superficie de un mar de silencio.
Las dos orillas
opuestas mezclan sus voces
Como un
río en el mar,
el trabajo
encuentra su realización
en las
profundidades del ocio.
Me detuve en el camino hasta que tu cerezo perdió las flores;
pero la azalea me transmitió, amada mía, tu perdón.
Tu tímido y
pequeño brote de granado,
que se ruboriza
detrás de un velo,
se convertirá
en una flor apasionada
- mañana,
cuando yo me haya ido.
La torpeza del poder rompe la llave
y
utiliza el hacha.
El nacimiento
nos lleva del misterio de la noche
al aún más
grande misterio del día.
Estos mis
barquitos de papel están pensados para bailar
sobre las
suaves olas de las horas
y no para
llegar a un destino.
Como pájaros
migratorios, mis canciones salen volando de mi corazón
y buscan sus
nidos en tu voz llena de amor.
El mar de
peligros, dudas y negaciones
que rodea la
pequeña isla de seguridad del hombre,
es un reto para
que éste ose lo desconocido.
El amor castiga
con el perdón,
la belleza
herida con un terrible silencio.
Vives solo y
sin ingresos
porque el mundo
teme tu gran valor.
El mismo sol
nace de nuevo en nuevos países
- en un círculo
de incontables ocasos.
El mundo de
Dios siempre se renueva con la muerte;
el de los
titanes es aplastado por su propia existencia.
Mientras la
luciérnaga está explorando el polvo
no sabe que en
el cielo hay estrellas.
El árbol es
joven, la flor es vieja,
porque es
portadora del mensaje
de la semilla
eterna.
Cada nueva rosa
me envía saludos
de la Rosa de
una primavera eterna.
Dios me honra
cuando trabajo;
y me ama cuando
canto.
Mi amor de hoy
no encuentra un hogar
en el nido de
mi amor de ayer.
El fuego del
dolor traza para mi alma
un sendero
luminoso que atraviesa su tristeza.
La hierba
sobrevive a la colina
porque renace
de sus incontables muertes.
Desapareciste
de mi vista
dejando una
huella invisible en el azul del cielo,
una imagen
invisible en el viento
que sopla entre
las sombras.
Apiadada de la
rama pelada
la primavera le
dio un beso
- en el temblor
de una hoja solitaria.
La tímida
penumbra en el jardín
ama al sol en
silencio;
sonrientes, las
flores presienten su secreto
mientras las
hojas susurran.
Mis alas no
dejaron huellas en el aire,
pero soy feliz
de haber volado.
Las luciérnagas,
centelleando entre las hojas,
asombran a las
estrellas.
La montaña
permanece inamovible
aunque parezca
que la niebla la haya derrotado.
Mientras la
rosa le dice al sol:
"nunca te
olvidaré",
sus pétalos
caen en el polvo.
Las montañas
son el gesto desesperado de la tierra
de alcanzar lo
inalcanzable.
Aunque me pinché
con las espinas de tu flor,
oh belleza,
te estoy
agradecido.
El mundo sabe
que los pocos
son más que
los muchos.
Amigo, no dejes
que mi amor te sea una carga;
recuerda que el
amor se basta a sí mismo.
El amanecer
toca su flauta ante las puertas de la oscuridad,
y le gusta
retirarse cuando sale el sol.
La belleza es
la sonrisa de la verdad
cuando reconoce
su propio rostro
en un espejo
perfecto.
La gotita de
rocío sólo conoce el sol
en su propio
pequeño mundo.
Los
pensamientos perdidos de las colmenas abandonadas
en todas las épocas
pululan en el aire, zumbando alrededor de mi corazón
y buscando mi
voz.
El desierto está
encarcelado detrás de los muros
de su
esterilidad sin límites.
En el bailoteo
de las pequeñas hojas
veo la danza
invisible del aire
y en su
centelleo
los batidos
secretos del corazón del cielo.
Eres como un árbol
en flor,
te sorprendes
cuando te alabo por tus ofrendas.
El fuego
sacrificial de la Tierra
se inflama
sobre sus árboles
dispersando sus
chispas en flores.
Los bosques,
las nubes de la tierra,
alzan su
silencio hacia el cielo,
y las nubes de
arriba descienden
respondiendo
con chubascos.
El mundo me
habla en imágenes,
mi alma
responde en música.
El cielo reza
su rosario durante toda la noche
con las perlas
de las incontables estrellas
en memoria del
sol.
La oscuridad de
la noche es muda como el dolor,
la oscuridad
del alba, silenciosa como la paz.
La soberbia
esculpe en las piedras su ceño fruncido,
el amor se
ofrece a las flores.
El pincel
generoso restringe la verdad
a diferencia
del lienzo, que es estrecho.
Mientras añora
el cielo lejano
la colina desea
ser como la nube
en su
incansable ansia de búsqueda.
Para justificar
sus propias manchas de tinta
le dicen noche
al día.
Las ganancias
le sonríen al bien
cuando el bien
también trae ganancias.
Con inflada
soberbia
la cresta de
espuma duda de la verdad del mar,
se ríe y se
estampa contra la nada.
El amor es un
misterio infinito
porque no tiene
más que a sí mismo para describirse.
Mis nubes,
tristes en la oscuridad,
olvidan que
ellas mismas
han ocultado el
sol.
El hombre
descubre su propia riqueza
cuando Dios
viene a pedirle regalos.
Me has dejado
tu memoria como llama
para mi lámpara
de la separación.
He venido a
ofrecerte una flor,
pero tu quieres
todo el jardín, -
tuyo sea.
La imagen es un
recuerdo de la luz,
enriquecido por
la sombra.
Es fácil
hacerle muecas al sol,
porque por su
propia luz
está expuesto
en todas las direcciones.
La historia
sofoca lentamente su verdad,
pero rápidamente
se esfuerza en revivirla
haciendo una
terrible penitencia de dolor.
Me pagan mi
trabajo en jornales,
espero que al
final me valoren en amor.
El amor sabe
decir "basta",
la barbarie
siempre quiere más.
Dios ama ver en
mí no a su siervo
sino a sí
mismo sirviendo a los demás.
La oscuridad de
la noche está en armonía con el día,
la mañana de
niebla es disonante.
En los tiempos
derrochadores de las rosas, el amor es vino;
en tiempos de
hambre, cuando los pétalos han caído,
el amor es
alimento.
En un país
lejano, una flor desconocida
le dijo al
poeta:
"¿acaso
no somos del mismo suelo, amado mío"?
Soy capaz de
amar a mi dios
porque él me
da la libertad de negarle.
Con sus
atormentados gritos de vergüenza,
mis cuerdas
desafinadas claman música.
El gusano
piensa que es extraño y necio
que el hombre
no se coma sus libros.
Hoy, el cielo
nublado tiene la visión
de una sombra
de tristeza divina
en la frente de
una eternidad pensativa.
La sombra de mi
árbol es para todos los que pasan delante de él,
sus frutos son
para la persona que estoy esperando.
Ruborizada por
el ardor del crepúsculo
la tierra
parece un fruto maduro
listo para ser
cosechado por la noche.
En el nombre de
la creación,
la luz acepta a
la oscuridad como su cónyuge.
La caña espera
el soplo de su maestro,
el maestro va a
buscar su caña.
Para la pluma
ciega, la mano que escribe es irreal,
y su escritura,
sin sentido.
El mar golpea
su propio pecho estéril
porque no tiene
flores que ofrecerle a la luna.
La codicia por
el fruto hace que no veas la flor.
En su templo de
estrellas, Dios
espera que
el hombre le traiga su lámpara.
Retenido en el
árbol, el fuego crea flores;
liberada de sus
ataduras, la llama desvergonzada
muere como
ceniza estéril.
El cielo no
coloca trampas para capturar a la luna,
porque ella está
atada por voluntad propia.
La luz que
llena el cielo
busca sus límites
en una gotita de rocío en la hierba.
La riqueza es
el lastre de la grandeza,
el bienestar,
la plenitud de la existencia.
Cuando se burla
del sol,
la hoja de
afeitar está orgullosa de su agudeza.
La mariposa
tiene tiempo libre para amar al loto;
no así la
abeja, tan ocupada en almacenar la miel.
Niño, traes a
mi corazón
el murmullo del
viento y el agua,
los silenciosos
secretos de las flores, los sueños de las nubes,
la muda mirada
maravillada del cielo de la mañana.
El arco iris
delante de las nubes puede ser grande,
pero la pequeña
mariposa entre los matorrales lo es aún más.
La niebla teje
su tela alrededor de la mañana,
la cautiva y la
ciega.
La estrella de
la mañana le susurra al crepúsculo:
"Dime que
sólo estarás aquí para mí"
"Si",
contestó éste,
"y también
para aquella flor sin nombre".
El cielo
permanece infinitamente vacío
para que la
tierra pueda construir su paraíso con los sueños.
Tal vez la luna
creciente sonríe con incredulidad
cuando le dicen
que sólo es un fragmento
a la espera de
la perfección.
Deja que la
tarde perdone los errores del día
para así poder
estar en paz consigo misma.
La belleza sonríe
recluida en el capullo,
en el seno de
una dulce obra inacabada.
Con sus alas,
tu amor de mariposa apenas rozó
mi flor de
girasol
y nunca le
preguntó si estaría dispuesta a renunciar a su miel.
Las hojas son
silencios alrededor de las flores,
que son sus
palabras.
El árbol lleva
sus mil años a cuestas
como si fuera
un instante largo y majestuoso.
Mis ofrendas no
son para el templo al final de la calle,
sino para los
santuarios al borde del camino,
que me
sorprenden en cada esquina.
Tu sonrisa,
amada mía, es como la fragancia de una flor extraña,
simple e
inexplicable.
La muerte se ríe
cuando exageramos los méritos de los muertos,
porque llenan
su granero más de lo que ella puede pedir.
En vano, el
suspiro de la costa persigue
la brisa que
empuja el barco a través de la mar.
La verdad ama
sus límites,
porque allí
encuentra las cosas hermosas.
Entre las
orillas del Yo y el Tú
está el océano
rugiente, el oleaje de mi propio ser,
que anhelo
cruzar.
El derecho a
poseer presume neciamente
de su derecho
de disfrutar.
La rosa es
mucho más
que una mera
disculpa por sus espinas.
El día ofrece
su laúd de oro
al silencio de
las estrellas
pidiéndole que
lo afine para la vida interminable.
El sabio sabe
enseñar,
el necio sabe
herir.
En pleno corazón
de un interminable baile de círculos
el centro se
mantiene quieto y silencioso.
El juez cree
ser justo cuando compara
el aceite de la
lámpara de su prójimo
con la luz de
su propia lámpara.
La flor cautiva
en la corona del rey
sonríe
amargamente cuando una flor silvestre la envidia.
La nieve
acumulada es una carga para la montaña
la nieve
derramada en caudales recae sobre las espaldas del mundo entero.
Escucha la
oración del bosque
por su libertad
en las flores.
Deja que tu
amor me contemple
incluso a través
de la barrera de la cercanía.
El espíritu
del trabajo está integrado en la creación
para llevar y
ayudar al espíritu del ocio.
Soportar la
carga de un instrumento,
calcular los
costes de su elaboración
sin saber que
sirve para hacer música,
es la tragedia
de una vida sorda.
La libertad es
el pájaro que siente la luz
y que canta
antes de que el sol se levante.
Te traigo, oh
noche, el cáliz vacío de mi día;
enjuágalo con
tu fresca oscuridad
para la
celebración de un nuevo amanecer.
Cuando el abeto
de montaña se mece apaciblemente,
convierte el
recuerdo de sus luchas con las tormentas
en un himno de
paz.
Cuando me
rebelaba,
Dios me honraba
luchando contra mí,
y me ignoraba
cuando yo estaba lánguido.
El sectario
piensa que ha conseguido meter el mar
en el estanque
de su jardín.
En las umbrías
profundidades de la vida
están los
nidos solitarios de los recuerdos
que huyeron de
las palabras.
Deja que mi
amor encuentre su fuerza
en las tareas
del día
y su paz en la
unión con la noche.
A través de
las hojas de la hierba,
la vida envía
su silencioso himno de alabanza a la luz,
que no tiene
nombre.
Las estrellas
de la noche
son los
recuerdos de las flores marchitadas de mi día.
Ábrele la
puerta a lo que tiene que dejarte,
porque una pérdida
atada se vuelve un obstáculo.
El verdadero
objetivo no es alcanzar los límites
sino la
perfección sin límites.
La orilla le
susurra al mar:
"Escríbeme
lo que tus olas intentan decir".
El mar escribe
y escribe con su espuma
y vuelve a
borrar las líneas con un rugido de desesperación.
Deja que el
roce de tus dedos hagan vibrar mis cuerdas vitales
haciendo la música
tuya y mía.
Mi mundo
interior, que mi vida ha redondeado como un fruto
madurándolo en
la alegría y en la tristeza,
caerá en la
oscuridad de la tierra madre
para un nuevo
ciclo de la creación.
La forma está
en la materia, el ritmo en la fuerza,
el significado
en la persona.
Unos buscan la
sabiduría, otros la riqueza,
yo busco tu
compañía para poder cantar.
Como los árboles
sus hojas, dejo caer mis palabras sobre la tierra;
deja que mis
pensamientos puedan florecer en tu silencio sin ser expresados.
Qué mi fe en
la verdad y mi visión de lo perfecto,
oh maestro, te
sean útiles en tu creación.
Todas las
delicias que pude degustar
en los frutos y
las flores de la vida,
déjame ofrecértelas
al final de la fiesta,
en una perfecta
unión de amor.
Muchos han
reflexionado y explorado en profundidad
el significado
de tu verdad,
y son grandes
hombres;
yo escuché
para capturar tu música,
y estoy
maravillado.
El árbol es un
espíritu alado
liberado de las
ataduras de la semilla,
que prosigue su
aventura de la vida
hacia lo
desconocido.
El loto ofrece
su belleza al cielo,
la hierba sus
servicios a la tierra.
Con devoción,
el beso del sol ablanda
la avaricia del
fruto verde aferrado a la rama.
La llama
encontró la lámpara mundanal en mi interior
- ¡qué
maravilla de luz!
Los errores
viven en el vecindario de la verdad;
por eso nos
seducen.
La nube se
burlaba del arco iris:
"Tú no
eres más que un vanidoso,
metido en tu
vacuidad de chillones colores".
Con calma, el
arco iris respondió:
"Soy tan
inevitablemente real como el mismísimo sol".
No me dejes ir
en vano a tientas por la oscuridad
más mantén mi
mente en la esperanza
de que el día
amanecerá
y que la verdad
aparecerá
en toda su
simplicidad.
Durante la
noche silenciosa
oigo como
vuelven las vagantes esperanzas de la mañana
y pican a la
puerta de mi corazón.
Mi nuevo amor
viene
y me trae la
riqueza eterna de mi viejo amor.
La tierra
contempla a la luna y se sorprende
de ver toda la
música reflejada en su sonrisa.
El día, con su
mirada curiosa,
hace que las
estrellas huyan.
Mi mente
celebra la verdadera unión contigo, oh cielo,
desde la
ventana que me pertenece,
y no ahí
fuera, al aire libre,
donde tu tienes
tu único reino.
El hombre
reivindica las flores de Dios como suyas
cuando las teje
en una guirnalda.
La ciudad
enterrada, puesta al desnudo por el sol de una nueva era,
se avergüenza
de haber perdido todas sus canciones.
Al igual que el
dolor de mi corazón, que hace tiempo perdió su sentido,
los rayos del
sol vestidos de oscuro,
se esconden
debajo de la tierra.
Al igual que el
dolor de mi corazón ante una repentina caricia de amor,
cambian de velo
cuando la primavera los llama
y salen de
nuevo para acudir al carnaval de los colores
disfrazados de
flores y de hojas.
La flauta vacía
de mi vida
espera la música
final
como la
oscuridad primaria
antes de que
salgan las estrellas.
Liberarse de
las ataduras de la tierra
para el árbol
no es un acto de liberación.
El tapiz de la
historia de la vida está tejido
con los hilos
de los lazos humanos,
que
continuamente se atan y desatan.
Los
pensamientos de mi mente que jamás fueron capturados por las palabras
acuden a mi
canción y bailan.
Esta noche mi
alma se pierde
en el corazón
silencioso de un árbol,
que crece solo
entre los susurros de la inmensidad.
Las conchas de
las madreperlas desechadas por el mar
en la playa estéril
de la muerte, -
¡qué magnífico
derroche de la vida creativa!
La luz del sol
me abre las puertas del mundo,
la luz del
amor, las puertas de sus tesoros.
Al igual que la
caña con sus nudos,
mi vida tiene
sus juegos de colores
que pasan a
través de las rendijas de sus esperanzas y sus logros.
No dejes que mi
agradecimiento hacia ti
me despoje de
mi silencio de un homenaje más pleno.
Las
aspiraciones de la vida
se presentan
vestidas de niño.
La flor
marchita suspira
porque la
primavera se ha ido para siempre.
En el jardín
de mi vida
encontré mi
riqueza en las sombras y luces
que nunca son
recogidas y acaparadas.
La única fruta
que me gané para siempre
es la que tú
aceptaste.
El jazmín sabe
que el sol es su hermano
en el cielo.
La luz es
joven, la viejísima luz;
las sombras son
creaciones del momento, porque nacen ya viejas.
Puedo sentir
que el transbordador de mis canciones al final del día
me llevará a
la otra orilla,
desde donde
podré ver.
La mariposa que
revolotea de flor en flor
es mía para
siempre,
la que he
cazado con la red, la perderé.
Tu voz, pájaro
libre, alcanza mi nido nocturno,
y mis alas
somnolientas sueñan
con un viaje a
la luz
encima de las
nubes.
No puedo
entender el sentido del papel
que juego en mi
vida,
porque
desconozco los papeles
que juegan los
demás.
La flor se
despoja de todos sus pétalos
y encuentra el
fruto.
Dejo mis
canciones tras de mí
para las
siempre recurrentes madreselvas
y la alegría
de los vientos del sur.
Perdiendo su
existencia en el suelo, las hojas muertas
son partícipes
de la vida del bosque.
La mente
siempre busca sus palabras
en sus sonidos
y silencios
como el cielo
lo hace con su oscuridad y su luz.
La oscuridad
invisible toca su flauta
y el ritmo de
la luz
remolinea hacia
las estrellas y los soles,
hacia los
pensamientos y los sueños.
Mis canciones
son para cantarte
que yo amaba
cuando tú cantabas.
Cuando la voz
del Silencio roza mis palabras
yo Le
reconozco, y por lo tanto me conozco a mí mismo.
Mando mis últimos
saludos a aquellos
que conociendo
mis imperfecciones me quisieron.
El amor no se
puede regalar;
espera a ser
aceptado.
Cuando venga la
muerte y me susurre:
"tus días
han terminado",
déjame que le
diga: "He vivido en el amor,
no sólo en el
tiempo".
Ella me
preguntará: "¿Acaso tus canciones perdurarán?"
Yo contestaré:
"No lo se, sólo se
que cuando
cantaba a menudo encontraba mi eternidad."
"Déjame
encender mi lámpara",
dice la
estrella,
"y no me
preguntes
si ello ayudará
a disipar las tinieblas".
Ojalá que
antes de finalizar mi viaje
pueda alcanzar
en mi interior
a aquel que lo
es todo,
dejando tras de
mí la cáscara
flotando a la
deriva con la multitud
en la corriente
del azar y del cambio.
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